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El cartel del ascensor (capítulo 5)

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El Cartero

El vecino le dijo en un tono burlón - vaya con el cartero, ¿eh?, aun no sabe donde vives.

María con un gesto de interrogación, le dijo – ¿Manuel “el cartas”?, sonrió, y pensó en los buenos ratos que habían pasado Manuel, ella y los demás infantes cuando eran niños, en esa misma plaza.

Y dijo - bueno no es que me lleguen muchas alguna al año de mi prima Mari Carmen , la que se fue a Brasil, pero no creo que “El Cartas” que haya olvidado mi casa, ¿por qué lo dices?.

Pues por la carta del otro día, la que le dí a Antonio, la que pasó el cartero por debajo de mi puerta, se le quedaría pegada con otra que tenía yo – dijo el vecino.

Ah!, pues no me la ha dado, la tendrá por ahí, ya sabes lo despistado que es – asintió María.


María llegó a casa, se dirigió al cajón del medio, no la había guardado en la cómoda, ¡qué raro!, seguro que se la dio cuando se iba al campo, y allí se le caería, por otro lado pensaba en las palabras de misterioso hombre (¿Miguel?) quizás se habría intentado comunicar con ella, tanto enigma, podía pensar cualquier cosa, pero seguro que era de su prima Mari Carmen. ¡Qué tonterías se le pasaban por la cabeza!, estaba el poema, las palabras, todo lo que se había llevado el viento aquel dichoso día. Aunque su sexto sentido siempre le acompañaba en esta ocasión se liberó de el y lo apartó hacia un lado.


Esa noche llegó su marido, dispuesto a marcharse hacia el puesto de fruta de la ciudad, comió poca cosa.


María le dijo, -¿Niño, estás malo?, hace días que no comes nada, y mira la cara que tienes con esas ojeras que te llegan hasta los hombros, tu no estás acostumbrado a ir de noche por ahí, creo que no te está sentando bien este cambio, sabes que a mi no me importa ir, yo ya estoy bien y puedo seguir haciéndolo, que soy mochuelo, y duermo poco. 


Antonio replicó -¿pero ... no tienes miedo?, mira que yo pasé por un ... terrible, va! es igual, es que no podría con la angustia, y de todas maneras tampoco conciliaría el sueño.


Por cierto, me ha dicho Pepe que te dio una carta, ¿donde la tienes, no la habrás perdido?, en el cajón no está, ya sabes como me alegra y disfruto cuando me llega un escrito de mi Mari Carmen, que noticias traerá de aquellas tierras.


Antonio no supo que decir, este detalle no le había dado importancia, Pepe y su larga lengua, ¿qué decía ahora?, - y dijo – creo que la dejé por encima de la cómoda, haber si la han cogido los niños pregúntale a ellos, y rápidamente salió de allí, escabulléndose de más mentiras, a el no le gustaban y sabía que María no pasaba ni una.


Ella, se quedó pensando ¿en la cómoda?, pero no le dio tiempo a indagar más... se había ido. Ella la hubiese visto, notaba algo más en Antonio, cuando no decía la verdad siempre bajaba los ojos, esta vez hasta se escapaba como un niño. Y pensó, no se que voy ha hacer con este hombre parece como si aun estuviese en la edad del pavo, siempre con sus miedos infundados y que todo el mundo va en su contra.


Muy temprano salió a comprar el pan, y a traer agua de la fuente, el Cartas, pasó por allí, María le dijo – Vaya, vaya, que me han dicho que no sabes donde vivo, - rió -que mi carta se la entregaste al Pepe, el vecino ...

¿Pero de que carta hablas? Dijo “el Cartas”.

Pues de la del otro día, ¿ ya ni te acuerdas?, pues si que tienes cartas a repartir, para no acordarte de la mía , pero si no creo que tengas que repartir ni 10 cartas a la semana.

El Cartas, atónito, - ¿el? El que podía decirle las cartas que había recibido cada uno de los del pueblo en todo el año, de quien venían y a donde iban, hasta se sabía de memoria las direcciones de los remitentes. Y le dijo, Mariquilla, Mariquilla! No me líes con tus bromas, que ya nos conocemos. Me voy que tengo que entregar estas en el cortijo de la Mamola, y ya sabes lo lejos que está. Adiós María. Mientras iba caminando, le iba diciendo, - ¿los niños bien? ¿y Antonio?, bueno me alegro. Hasta la semana que viene, a ver si nos vemos. Adiós.


Ella quedó con la cara desencajada, broma, en la cómoda, debajo de la puerta. Tantas cosas que cada vez coincidían menos.


Llegó a casa, y empezó a revolverlo todo, retiró la cómoda, aprovechó para limpiar por detrás, siempre había mucho polvo allí, a lo mejor se había caído.


Encontró algo, pero .... ¿como?


Continuará
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Comentarios El cartel del ascensor (capítulo 5)

Aquí tienes Retador, ya me darás la fórmula!  para saber como inspirar a mis dedos.
Ummmm... ¿hacia donde irá la historia? interesante, interesante....
Esto tiene mucho por-venir...
jajajaja, lo tomo por las dos vertientes.

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