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Cuando alguien muere en tus brazos

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Hoy no va a haber risas, a veces me toca llorar, hay ciertos días que me acuerdo mucho de ella y todos rondan el dos de diciembre de cada año, cuando el frio empieza a apretar pasan por mi mente las escenas de ese día y de otros anteriores.

Hubo un antes y un después de la madrugada del dos de diciembre de 1996 en negativo y en positivo, en negativo por la enorme pérdida y no volverla a ver nunca más y en positivo porque te hace reconocer que estamos de paso y no somos eternos y de allí aquella frase de "vive como si fuera el último día de tu vida", ni el pasado ni el futuro existe, sólo el momento en el que estás.

Hace muchos años que le debo un escrito y tirarlo en una botella al mar, y hoy va a ser ese día, una de mis maneras de desfogarme es la escritura, algunas pocas son para aliviar las espinas del corazón y compartirlo, aunque finalmente no os deje participar en los comentarios por esta vez porque es algo que sólo dejo en el aire y sólo necesite eso... ver la botella flotando entre las olas.

Llevaba muchos días en la Clínica Platón, parecía que después de todo se lo pasaba bien, había cambiado, estaba más simpática, más comunicativa que el último día que la vi. Hablamos mucho rato sobre todas esas cosas que llenan, nada especial y todo especial. Al día siguiente la cambiaron de nuevo, ella sóla esta vez, llevaba un gorro blanco en la cabeza y muchos trastos conectados, se la veía muy diferente, nos dijeron que estaba muy mal que podría ser cuestión de una semana o de días, pero ese mismo ya no daban esperanzas, ahora estaba en la última planta para ella sola, una habitación enorme y de un vacío espantoso.

Allí estaba recostada con toda la morfina que le habían metido por vena, nadie pensaba que se despertaría en sus cinco minutos últimos de vida.

Se incorporó de la cama, se sentó miró hacia los lados, parecía perdida, los ojos eran extraños más claros o más difunimados. Rápidamente le pregunté: ¿quien soy? me sonrió con su dulce sonrisa y con los ojos acaramelados me dijo: MI NIÑA, y con esa ternura suya me abrazó, y comentó:  pobre de mi niña que se va a quedar sin madre. Se dirigió a su hermana con voz casi susurrante: ahora entenderás porque Dios no te dió hijos, es por que te los doy yo, cuidalos mucho.    Mama por favor no digas eso, ya está, ya pasó, de peores te has librado, bicho malo nunca muere le dije, para intentar hacerla reír y... lo hizo... aunque mis lágrimas y mis palabras no estaban mucho de acuerdo, y me miró clavándome esos ojos oscuros, sólo dijo: esta vez NO, yo lo sé. Le dio un beso a mi hermano y algo más y ... se despidió, era como si se hubiera levantado sólo con ese objetivo. Se recostó en mis brazos, la respiración se iba parando, sólo hacía que repetirle una y otra vez mientras la abrazaba y la movía insistente: Respira mamá, Respira mamá, mamá por favor Respira...

 

PD: Qué fácil nos parece respirar... pero por ahí está haciendo ahora de ángel de la guarda... y en mi corazón tengo su energía, se transformó y no se destruyó.

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