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Se retorcía bajo sus oscuros pensamientos

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En su casa lo creyeron, nunca antes se había comportado así, con sus ojitos azules y su carita de ángel, había sido el niño más dulce que pudiera esperar una madre.

Sí, ahora salía mucho, como todos los de su edad, llegaba muy puesto, pero nadie lo veía, el tampoco.

Empezó como toda carne de cañón, por fumar petas, después pasó a más alto nivel, y no solo económico.

Un día cualquiera comenzó esconderse en su habitación, temblando, dejó el trabajo y de salir sin dar explicaciones.  Al principio no decía nada, todos los de su casa estaban a veces confusos, otras sintiéndose culpables o desesperados, nadie sabía que le estaba  sucediendo. Agresivo como un volcán, tan punzante verbalmente como una daga, o tan débil y silencioso como una mariposa cabizbaja.

Pocos días más tarde, entre portazo y portazo, acabó empujando a su padre fuera de la habitación, y confesó que se encontraba en esa situación por las amenazas de un clan de gitanos, que venían por él, les debía dinero entre otras cosas, algo que tenía que vender, que vendió pero que no pago, no entendieron bien, o no quisieron entender.

Transportó todo su miedo a su familia, cerraban las puertas poniendo toda serie de inventos, hacían guardias, lo acompañaban a todos los sitios. El primer paso fue  llevarlo a la policía, allí le dijeron que sería conveniente que lo viera un especialista, estaban demasiado ciegos, su madre se puso a llorar, no creían a su hijo. Ella  iba a misa cada día a pedir por el,  a la curandera, cualquier cosa que pudiese servir para que no lo matasen.

Finalmente lo llevaron al médico, y de éste paso a otro, y luego a otro más, y hasta entonces nadie hubiese dicho que eran fantasmas; dos días más tarde estaba en Sant Boi, en el hospital psiquiátrico. Todo estaba dentro de su cabeza y de la de nadie más.

¿Por qué estaba allí? ¿quién lo había decidido?, el no.

Se pasó más de un mes, cuando veía a su familia no podía hacer otra cosa que llorar.

Había entendido que las drogas le habían provocado sus enemigos imaginarios.

Se prometió una y otra vez, una y otra vez, cada día, cada minuto que sería la última vez que se lo prometía.

No ha vuelto allí, pero sigue sin poder cumplir su promesa.

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Comentarios Se retorcía bajo sus oscuros pensamientos

Un clasico del momento, verdad?...pero es lo que hay...nos vemos estrella...
La cruda realidad, si, de sensibles y "sensiblas". 
Bien, que te veo "molt pansit", anímate vendrán tiempos mejores y pensamientos más originales y brillantes, estamos en otoño por aquí...
He enviado un "ACTO" sin número y alternativo (por cierto que que mal suena he enviado un acto).
No se me ha ocurrido subiendo, sinó se me ha ocurrido bajando en el ascendor.
Besos

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